Estas cinco entran por WhatsApp y por el chat de la tienda prácticamente todos los días. Las respuestas van cortas a propósito: la idea es que puedas resolver la duda en un minuto y seguir con lo tuyo.
1. ¿Puedo usar agua del tubo?
En la mayor parte del país sí, pero no directamente. Dos cosas la afectan: el cloro y la dureza.
El cloro se va solo si dejas el agua reposando en un recipiente abierto unas horas. La dureza — el calcio y el magnesio disueltos — no se va reposando, y es la que hace que la EC arranque alta antes de que le agregues un solo nutriente.
Lo práctico: mide la EC del agua sola antes de mezclar nada. Si ya viene alta, tienes que restar esa cantidad de la dosis de fertilizante o vas a pasarte. Y mide el pH después de mezclar, no antes, porque el fertilizante lo mueve.
2. ¿Cada cuánto cambio la solución?
En un sistema recirculante, cada una o dos semanas. En clima tropical, más cerca de una semana que de dos: el calor acelera todo, incluido lo que no quieres que se acelere.
Entre cambios, rellena con agua para compensar lo que se evapora. Ojo con esto: cuando el agua se evapora las sales se quedan, así que la EC sube sola aunque no hayas agregado nada. Si la EC sube y la planta se ve estresada, rellena con agua sin fertilizante.
3. ¿La fibra de coco se reutiliza?
Sí, pero con trabajo de por medio y no indefinidamente.
Hay que sacar las raíces viejas, enjuagar bien para arrastrar las sales acumuladas, y volver a cargar el calcio y el magnesio, porque el coco los intercambia y después del primer ciclo queda desbalanceado. Dos o tres ciclos es lo razonable; después la estructura se degrada, retiene demasiada agua y vuelve el problema del riego.
Si el ciclo anterior tuvo problemas de raíz, no lo reutilices. No vale la pena.
4. ¿Cuánta luz necesita de verdad una lechuga?
Menos de la que la mayoría cree. La lechuga y las hojas verdes se dan bien con luz moderada: doce a catorce horas diarias es suficiente, y no necesitan la intensidad que pide un cultivo de fruto.
El error frecuente es comprar un panel dimensionado para tomate y usarlo con lechuga a quince centímetros. El resultado son hojas duras, amargas y a veces blanqueadas.
Para fruto — tomate, chile — sí sube la exigencia, tanto en intensidad como en las horas del ciclo.
5. ¿Qué compro primero si tengo poco presupuesto?
En este orden, y no en otro:
- El espacio y el aire. Un extractor o al menos un ventilador. Sin movimiento de aire, en clima húmedo, aparece hongo.
- El sustrato. Es donde vive la raíz y es lo más barato de hacer bien.
- La luz. Si estás bajo techo sin sol directo, es indispensable.
- Un medidor de pH. Te ahorra más plata en fertilizante desperdiciado de lo que cuesta.
- La base de nutrientes. Una línea completa, no aditivos sueltos.
Los estimuladores de raíz, los potenciadores de floración y los enzimáticos vienen después, cuando el ciclo ya está estable y quieres mejorarlo. Comprados antes, no se nota la diferencia.
Si tu duda no está aquí
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